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Samuel Aranda
España
En un burdel desprestigiado
te dije una oración
que no coincide
con ninguna doctrina del amor.
Tus ojos que me exorcizaban
no me permitían
dejar de improvisar
tantas blasfemias.
No sé si fue extraño
decirle tantos sentimientos
a tu silencio forjado
de sol y de invierno.
Pero aún tengo bien claro
haber visto a la oscuridad
alejarse de mí.
Porque jamás imagine hallarme
venerando a una virgen,
siendo un impropio de santidad.
Y me regalaste en cada caricia
una respuesta tierna y eterna
de tu piedad de ser mujer.
Y no hubo necesidad
de ninguna iglesia
para declararnos en felicidad.
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